martes, 23 de febrero de 2016

El nuevo orden mundial del petróleo barato

  • Las relaciones de poder entre los distintos países deberán replantearse y salir del modelo que ha durado hasta ahora 

     


Piergiorgio M. Sandri, La Vanguardia, 07/02/2016 03:59 | Actualizado a 08/02/2016 14:58

El equilibrio geopolítico que ha caracterizado el orden global en los últimos treinta años ha dejado de existir. Hace poco más de una generación, los países consumidores de petróleo, las economías occidentales, aguardaban expectantes las decisiones de la OPEP, la organización que agrupa a los exportadores de crudo, sobre sus cuotas de producción. De sus palabras dependía buena parte de su factura energética.

Esto es cosa del pasado. Los miembros del cartel ahora sólo producen un tercio del petróleo mundial. Ya no pueden marcar las pautas del mercado como antes. Tampoco el apetito para el oro negro es el que era. Ha emergido un modelo de desarrollo más sostenible. Según datos de la OCDE, el petróleo representaba casi la mitad del consumo mundial de la energía en 1973. Ahora es menos del 40%.

Esta situación se refleja en las cotizaciones. Los precios del crudo han caído un 70% desde sus máximos de junio de 2014. La oferta supera la demanda. El exceso de crudo es fruto de una decisión aparentemente suicida de Arabia Saudí, que inunda de petróleo el mercado porque no quiere perder cuota de mercado y repetir antiguos errores, como cuando en los años ochenta cerró el grifo, y llevó las economías occidentales a diversificar sus fuentes energéticas. Muchos factores refuerzan este desequilibrio: desde las altas temperaturas registradas este invierno (el cambio climático es una realidad), hasta la desaceleración de China (que ya no volverá a crecer como antes). Ambas variables parecen instaladas para quedarse.

Pero, tal vez la mayor novedad en el escenario energético global es la irrupción de EE.UU. Después de cuatro décadas en la penumbra, el Tío Sam se ha convertido en el protagonista. Gracias a las técnicas del fracking que sacan petróleo de las perforaciones a las rocas sedimentadas (es la llamada shale revolution), ya son el primer productor mundial.

Esto ha sido posible precisamente gracias a las cotizaciones elevadas en el período 2007-2014, que permitieron invertir en técnicas de extracción avanzadas. Hace años EE.UU. producía la mitad que Rusia y Arabia Saudí. Ahora los ha superado. En los últimos cinco años su producción ha aumentado un 66%. Como si hubiera añadido a su capacidad un país como Iraq.

“Está fuera de discusión de que los precios bajos son un factor positivo para EE.UU. Para algunos es negativo pero en conjunto y para los consumidores es muy bueno”, dijo Bruce Everett, antiguo directivo de Exxon y académico en la Tufts University. “Los saudíes están preocupados ante el hecho de que los estadounidenses acabemos siendo independientes desde el punto de vista energético en los próximos años”, dijo la ex secretaria de Estado de EE.UU., Madeleine Albright. Europa también descorcha champán. Es cierto: el petróleo barato ha agravado los riesgos de deflación y ha causado, indirectamente, la ola de refugiados. Pero cada caída del 10% en los precios supone un aumento del 0,1% del PIB en el Viejo Continente.

Al otro lado, los países con elevados recursos naturales se están lamiendo las heridas. Estimaciones del Deutsche Bank y del FMI confirman que la mayoría de países productores necesitan precios muy superiores a los actuales para cuadrar sus balances. Desde los 100 dólares de Iraq, Rusia o Arabia Saudí, hasta los 130 de Irán o Argelia. Un factor a tener en cuenta es que los países más poblados son también los que tienen los mayores problemas fiscales. Esto representa una bomba de relojería.

Las implicaciones políticas son inciertas. Baste recordar que en 1988, cuando el barril llegó a cotizar a 9 dólares, a los pocos meses colapsó la Unión Soviética. Sin embargo, los países del Golfo Pérsico todavía albergan el 60% de las reservas convencionales. Los costes de extracción de Arabia Saudí son los más bajos del mundo: 7 dólares por cada barril. Además, Ryad tiene unas reservas en divisas de 700.000 millones de dólares. Pero perdieron más de 100.000 en el último año. El déficit público supera el 15% del PIB. Pueden aguantar años, ¿pero hasta cuando? Fuentes consultadas dicen que Arabia, cuatro años. Rusia, un año y medio. Nigeria, Venezuela ya están en el precipicio.

Gonzalo Escribano, analista de energía del Real Instituto Elcano reconoce que “se está produciendo una pugna entre la capacidad de innovación de los EE.UU. y la fuerza de resistencia de Arabia Saudí. Esta tensión va a ser la tónica del nuevo orden global durante un tiempo. Asimismo, “ahora hay una menor transferencia de rentas hacia los países productores y, en consecuencia, un debilitamiento de sus capacidades geopolíticas. Por ejemplo, esta situación está matando el aventurismo de Putin. Esto supone un dividendo positivo para Europa”, señala Escribano.

“No creo que la economía vaya a cambiar la política exterior. Pero es cierto que todos estos países tendrán que enfrentarse a problemas internos,” alerta Eckart Woertz, investigador de Cidob. “Más que de nuevo ciclo o nueva era diría que estamos en una nueva etapa, de baja demanda y con una resaca de exceso de oferta. Y no volveremos a superar los 100 dólares el barril en un plazo muy largo”, resume Sarah Emerson, directora de la consultora energética Esai en EE.UU.

Esta especialista reconoce que estos países emergentes deben tener cuidado en su estabilidad política, pero, en perspectiva, también ve un aspecto positivo: es la ocasión para acabar una vez por todas con la llamada maldición del petróleo. “La caída de precios matará a su gallina de los huevos de oro. Pero les puede forzar a emprender reformas de sus economías para atraer más inversiones extranjeras”. Un cambio de modelo productivo. Un nuevo orden global.


miércoles, 10 de febrero de 2016

El mito dañino de Rubén Darío


 En Nicaragua no leemos a Darío: solamente repetimos su mito

Carlos Fonseca Grigsby, 10 de Febrero 2016 - Confidencial 

“Muchas páginas deleznables sobrelleva la labor de Darío,” escribe Borges,[1] en un texto citadísimo en este centenario de la muerte del poeta, “como la de todo escritor. Fabricó sin esfuerzo composiciones que él mismo sabía efímeras: A Roosevelt, Salutación al optimista, el Canto a la Argentina, Oda a Mitre y tantas otras. Son olvidables y el lector las olvida . . .” No obstante, en Nicaragua no las olvidamos. Porque en Nicaragua no leemos a Darío: solamente repetimos su mito.

Lo hacen no sólo las personas que no pertenecen al mundo literario, sino también los escritores y los académicos. Hay dos aspectos del mito de Darío que son particularmente dañinos, no sólo para la literatura nicaragüense, sino para la cultura nicaragüense en general: el mito del poeta universal y el mito del nicaragüense universal. Empecemos por el mito del poeta universal.

La idea de Darío como un milagro de la naturaleza, como un poeta que escribió sólo obras maestras que trascienden todas las fronteras del tiempo, es una idea que sólo puede circular entre personas que no saben leer. Es decir, entre personas que no saben pensar la literatura. Rubén Darío, como la mayoría de los poetas, al madurar escribió mejor. Esto debería ser evidente, pero en el discurso nacional no lo es. Sus versos de Cantos de Vida y Esperanza son muy superiores a los versos de Azul… y Prosas Profanas. Asimismo, es importante reconocer que Darío escribió muchos poemas mediocres; poemas panfletarios y meras odas apologéticas. En general, su técnica era excelente, pero el contenido para el cual la ejerció a menudo deja mucho que desear. Un ejemplo famoso: “Sonatina.”

¿Por qué es que Roberto Bolaño se mofa de Darío en Los Detectives Salvajes y Luis Cernuda reacciona violentamente ante su obra? Para Octavio Paz, Darío es el que peor ha envejecido de los modernistas. ¿Por qué? Quizás Darío se hundió demasiado en el sueño cosmopolita del modernismo; quizás no debía incluir en su obra todas las obsesiones de su generación, pasajera como todas las generaciones lo son. Hay en las peores líneas de Darío cierta fatua puerilidad relacionada con lo exótico y lo fastuoso, que al lector desengañado e irónico del siglo XXI le resulta risible. Son esas mismas líneas, no obstante, las que son forzadas sobre la mayoría de los nicaragüenses para ser memorizadas e idolatradas sin cuestionamiento.

Por otro lado, se ha ignorado a menudo el lugar contradictorio y turbulento que ocupó el erotismo en la obra de Darío. Darío es uno de los grandes poetas eróticos de la lengua castellana. En Nicaragua, el machismo ha llevado a leer en general sólo a las mujeres poetas como poetas del erotismo, pero Darío es su antecedente directo. Hay versos que son realmente escandalosos. Por ejemplo, los versos del poema “Filosofía”:

el peludo cangrejo tiene espinas de rosa

y los moluscos reminiscencias de mujeres.

O bien, aquellos versos extraordinarios del poema “Copla esparça”:

Un rojo rubí se enciende

sobre los globos del pecho.

Los desatados cabellos

la divina espalda aroman.

Bajo la camisa asoman

dos cisnes de cuellos negros.

Un erotismo que además revela una pugna múltiple y profunda entre lo que ya muchos han sabido reconocer en su obra: la disputa interior entre el indio católico, medroso del pecado, y el griego pagano, amante de la lujuria.

A este erotismo hay que sumarle su contraparte: el terror a la muerte y la sombra del misterio. Como poeta, como ser humano, Darío navegaba en lo desconocido. Hay en él un terror casi voluntarioso por conservar el misterio de la Noche. De allí salen algunos de sus mejores poemas, como los Nocturnos y “Lo Fatal.” Sin duda, esta faceta de la obra dariana ha sido más reconocida que la erótica. Sin embargo, mientras ignoremos que en Darío la Mujer y la Noche están íntimamente entrelazadas con pasmo y silencio que arde, no entenderemos la profundidad de este símbolo doble.

Asimismo, hay otras facetas de Darío que raramente son mencionadas: por ejemplo, Darío como emigrante. A causa de la pobreza que padeció, Darío pasó hambre y frío en Chile; pero perseveró en la persecución de su sueño. A lo largo de su vida tuvo que ser auxiliado por sus amigos, tanto en Chile como en Argentina y en Francia. Darío bien podría ser el primer avatar del éxodo de miles de nicaragüenses que cada año migran a Costa Rica, Estados Unidos, Europa y Canadá. No obstante, el epíteto de poeta “universal,” con sus implicaciones de cosmopolitismo armonioso, borra esta posibilidad.

Lo que es más importante aún es que la inmigración es también una condición literaria. La relación de Conrad, de Nabokov, de Walcott —por nombrar sólo algunos— con la lengua en la que escriben es desde su condición de inmigrantes: por eso Darío galvaniza al castellano con nuevos ritmos y vocablos. Darío era nicaragüense en Chile y Argentina, hispanoamericano en Francia y latinoamericano en España. Por un lado, es un poeta que lee en otras lenguas; por otro lado, cuando está dentro de su lengua materna, al mismo tiempo está afuera, ya que vive en países donde se habla el castellano de una forma distinta al nicaragüense: Chile, Argentina, España. Estar adentro y afuera al mismo tiempo: condición inevitable del renovador de una lengua.

Es por ello que la idea de Darío como el nicaragüense universal es una trampa. ¿Por qué seguimos usando epítetos equívocos para nombrar a Darío? Una lección fundamental de la crítica poscolonial es que la etiqueta de “universal” tiende a silenciar las voces de literaturas periféricas al canon occidental. Es decir, los grandes escritores europeos son llamados “universales,” pero los autores más importantes de tradiciones literarias más pequeñas raramente son dados ese título. ¿Por qué perpetuar ese discurso hegemónico? De igual manera, el epíteto de “príncipe” de las letras castellanas parece revelar un ansia colonial que al mismo tiempo refleja el anacronismo con que leemos a Darío. ¿Por qué llamar “príncipe” y “universal” a quien en vida fue víctima del racismo en España y a menudo padeció hambre por trabajar por la cultura y el arte? Al desechar esos términos anacrónicos, ¿no encontraríamos a un Darío más contemporáneo, más cercano a la experiencia del latinoamericano de nuestros días?

En relación con el papel que jugó Nicaragua en la vida de Darío, Nicasio Urbina escribe con mucha claridad:

Durante su vida Darío no se benefició mucho de Nicaragua. De hecho, podemos decir que en cierta forma el país le fue hostil. Tuvo una infancia y niñez hasta cierto punto desdichada. Recuérdese aquella frase de su Autobiografía donde se pregunta ‘¿Fue infancia la mía?’ Vivió errante siempre, de un país a otro, de una ciudad a otra, y fue poco en realidad el tiempo que vivió en Nicaragua. Colombia fue la primera nación en darle una representación diplomática, y La Nación de Buenos Aires fue el periódico que le proporcionó un modus vivendi permanente y confiable, aun cuando él no fuera totalmente puntual con sus crónicas. Nicaragua le volvió la espalda muchas veces.[2]

Vale la pena recordar que si Nicaragua es hoy un desierto cultural, lo era aún más en la segunda mitad del siglo XIX. Es por ello que Sergio Ramírez ha dicho que “de quedarse en Nicaragua Darío hubiera terminado un versificador.”[3] De esta manera, ¿qué tanto representa Darío a Nicaragua? Si Nicaragua fue un país que le volvió la espalda, ¿cómo es que después de su muerte lo hemos convertido en uno de los pilares de nuestro discurso identitario?

La obra dariana (que es más importante que el hombre Rubén Darío) enriqueció incalculablemente a la lengua castellana y su tradición literaria. No obstante, en Nicaragua, a cien años de su muerte, no hemos sabido leerlo.

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[1] Enviado al II Congreso Latinoamericano de Escritores y publicado en El Despertar Americano, México, mayo de 1967, vol. I, núm. 2, p. 9.

[2] “Rubén Darío y la miticidad en la literatura nicaragüense,” Nicasio Urbina. Enlace: http://cvc.cervantes.es/literatura/aih/pdf/12/aih_12_7_041.pdf?platform=hootsuite

[3] “No hay hablar de Rubén Darío, sino leerlo,” Sergio Ramírez. Enlace: http://www.milenio.com/cultura/hablar-Dario-leerlo-Sergio-Ramirez_0_677932216.html